Órdenes ejecutivas: el botón rojo de la democracia

Por: Rubén Sánchez Álvarez

Todos alguna vez hemos escuchado del famoso botón rojo. Ese botón que al apretarlo, graves consecuencias conlleva. Pero del botón rojo del que se hablará en este artículo, será aquel que al presionarlo culmina en la autodestrucción de la democracia.

Las órdenes ejecutivas han fungido como un recurso de “ultima ratio” (expresión en latín que se traduce a “último argumento”) para poder pasar legislaciones necesarias como en el caso de una emergencia a nivel nacional o incluso de carácter internacional. Pero el poder que constituyen estas órdenes las hace un riesgo para cualquier democracia. Es irónico como éstas fueron creadas dentro de la democracia como una vía de escape de la burocracia y para poder mantener la promesa que tiene el Poder Ejecutivo de salvaguardar a su pueblo, aunque en sí representan un riesgo en manos de la persona incorrecta.

Pero, ¿de qué nace esta premisa? El nuevo Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, ha decidido pasar los primeros 5 días de su mandato intentado cumplir sus promesas de campaña a través de órdenes ejecutivas. Muchos podrán preguntarse por qué esto está mal si, en principio, el pueblo elige a un individuo como su Comandante en Jefe y le confiere el poder de utilizar este mecanismo. El problema reside en que el pueblo le confiere al Presidente utilizar este dispositivo de poder sólo en caso de extrema necesidad.

El Presidente Trump no ha logrado más que demostrarnos que cualquier democracia es vulnerable y que la existencia de mecanismos como las órdenes ejecutivas no parecen riesgosas hasta que tienes un líder autoritario en el poder. Este botón rojo, y la extrema vulnerabilidad que representa para la democracia estadounidense, es lamentable. Trump se ha encargado de olvidar los contrapesos gubernamentales que existen en la democracia. Decidió pasar órdenes ejecutivas que no se habían ni considerado en el Congreso, ni debatido políticamente, haciendo de sus acciones dentro de los primeros cinco días de mandato arriesgadas, desproporcionadas y autoritarias.

Órdenes ejecutivas tales como los permisos para la construcción del oleoducto en Dakota, la desviación de fondos públicos para la creación y construcción del muro fronterizo con México, el retiro de fondos para las ciudades santuario que protegen a migrantes sin papeles en los EEUU, y la más controversial de todas (aunque más común entre los Presidentes Republicanos) el regreso de la “Mexico City Policy” que prohíbe el uso de recursos públicos para organizaciones internacionales y nacionales que mencionan el aborto. Todas estas acciones han sido tomadas sin los contrapesos existentes, pero ¿estarán legitimadas por qué el pueblo lo tiene como Comandante en Jefe?

Es triste pensar que la vulnerabilidad de la democracia está en uno de los mecanismos más importantes que tiene el Ejecutivo para salvaguardar a su pueblo. Es difícil abogar por mantener estos mecanismos en cualquier democracia después de que vemos las posibilidades y consecuencias en una de las consideradas “mejores democracias” a nivel internacional. ¿Serán entonces necesarias por su uso pragmático en caso de emergencia, o sería positivo quitarlas cuando tienes a Donald Trump a una firma de distancia de acabar con la democracia estadounidense?

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